martes, 5 de febrero de 2013

Dunas Blancas














A mi alrededor escucho sólo mi silencio, abrazo sólo el aire de mis suspiros. Limpio mi cara con lágrimas. Dibujo sin pinceles mi espacio transparente e inerte. Camino dejando mis huellas sin temor a mirar hacia atrás porque nadie jamás mis pasos pisoteará. Abro ventanas desde donde yo sólo me puedo asomar. Ciego mis ojos cuando ya no quiero mirar.

Murmullos tras mi cuello desnudo, crean un mundo del que escapo cada día. Corté ya hace tiempo los hilos de mis brazos y hago y deshago a mi antojo mi vida. Hablo o callo cundo quiero y no cuando puedo.

Tendida en mi cama jugueteo con mis dedos simulando que caminan sobre dunas de raso blanco. Me siento identificada con mis dedos. Caminan desnudos subiendo y bajando sin nada ni nadie a quien sujetarse. Y aunque caminen horas y horas sólo se alejarán hasta lo que mi brazo alcance. Es fácil llegar al borde de la cama y al asomarme  encuentro lo mismo que cuando lo hago desde mi ventana… un vacio que al igual que en mi cama, bordea todo lo poco que tengo aunque crea que aquí en mi sitio lo tenga todo.

Soplidos en forma de suspiros desordenan el camino de mi mano, vuelvo a perder el norte, vuelvo a encontrar mis miedos a estar sola. Aun así me hablo y me escucho, nadie me interrumpe sólo soy yo quien me impide seguir hacia adelante, pero también la que me doy ánimos para a pasitos cortos seguir mi sendero sin temor a ver el vacio que al final me encontraré. Vuelvo sobre mis pasos, pero esta vez no ando. Esta vez deslizo las yemas de mis dedos acariciando tal suave arena trenzada. Como mis recuerdos del ayer, que siempre los acuno como una madre que desea a su hijo en sus brazos. Anclado y desnudo mi cuerpo encalla en la cama. Esperando en un falso arcén a que pase mi último tren. Mis manos plagian las caricias de otras manos. Aquellas que cargadas de sensualidad me transportaban a la antesala del placer.

Recuerdo aquel día, cuando tú oculto entre la débil luz, despojaste de tu cuerpo los nervios y te acercaste con la invitación de mis dedos. Tus manos ásperas se vistieron de terciopelo. Cerré los ojos y me dejé llevar por esos labios que recorrían mi cuello. Ensillados sobre el ardor del deseo desquebrajaban el frío armazón de mi piel que oculta bajo el olvido de otros labios otras manos no me podía resistir. Pasión que prisionera huía por los poros de mi piel. Te sentía y ahora recuerdo que te amé. Crucé la frontera de la gravedad, entré en el mundo prohibido y tú tan sólo me besabas.

Mi cuerpo era entonces lo que ahora un recuerdo perdido de entre estas dunas desiertas sobre mi cama y mis dedos los tuyos que recorrían todo mi cuerpo sin asomarse al abismo. No necesitaba asomarme por ninguna ventana inventada para mirar el cielo. Tu cuerpo era mi cielo que me abrigaba. No caminaba….. volaba tras tus palabras. Echo de menos cuando tu cuerpo me acariciaba y sobre todo esas miradas. 

Hoy mi cuerpo se estremece cuando recuerdo que creo que no me amabas. Quizás te amé, quizás te odié, sinceramente éste maldito silencio hace que no recuerde nada. Lentamente tu aroma como hojas de otoño, se aleja de mi cuerpo con mis suspiros que imitan cual viento gélido de la mañana. ¡ Maldito seas ! que me llevaste a un mundo de ensueño y me dejaste sola y abandonada. No se volver no recuerdo nada. El tiempo sabio y pasajero hace que mi alma no sienta nada.

Siento que no siento nada aunque mis manos imiten placeres que me regalabas. Aun así que nunca se te olvide que te quiero y no cambio nada.

1 comentario:

jose torres dijo...

Muy bonita hermano. Te quiero besos