viernes, 9 de diciembre de 2011

Reflejos














Y por fin ya es la hora. Maldito tiempo que hoy más que nunca me has hecho mucho daño por tu lentitud. Hiciste que durante el día, cada calada de humo sean como sinuosas agujas que se clavaban en mi garganta. Tragos de agua fresca fuesen salados. Sorbos amargos de ese café que a primera hora del día no tomé. Hoy como mi maquillaje la sonrisa falsa se ha desvanecido por mi cara. Pies descalzos toman ese respiro que aún en mis manos no han llegado.

Me miro al espejo. Sonrío con la mueca más cínica que puedo ofrecerme. Durante todos estos años he estado ensayando sonrisas, gestos, voces y caricias, pero ésta mirada que me hago todas las noches.. ésta la tengo muy conseguida. Perfecta actriz de ese escenario que está tras la puerta que con tristeza dejo atrás todas las mañanas y que con resignación cuando es de noche vuelvo a entrar. Me pesa este disfraz de áspera seda que jamás dejará ver algún resquicio de mi feminidad. Presos de unos altos tacones mis pies pierden su inestabilidad tan fácil como mi seguridad al caminar por la ciudad. Libero mi pelo de un ridículo peinado. Como todas las noches me vuelvo a sorprender al ver que mi cabello envejece. Recordándome que hace muchos años me mentí al creer haber dejado de cumplir años.

Indefensa dentro de mi propio castillo no consigo mantener la mirada a mi propio reflejo. Intento recriminarme, maldecirme, pero durante el día ya he utilizado y agotado todos los adjetivos despectivos contra todo el mundo, victimas de mi desprecio a la vida. Lleno la bañera de agua caliente y no es por darme un baño. Sentada en el borde me enciendo un cigarrillo mientras espero como todos las noches a que vengas. No espero oírte, no deseo verte, pero el vaho me trae un simple mensaje que oculto en el espejo sale desde la invisibilidad para recordarme que un día me quisiste. Ahora mi reflejo se oculta borroso en el espejo, pero tú surges en forma de letras…. “TK”.

Mis manos ya no tiemblan, mi cara ha dejado de actuar. Y mis lágrimas han limpiado de mis ojos esa imagen de odio y rencor. Me siento liberada de lastres que cada día me obligan a inclinarme sin tener que arrodillarme.

Sentada en mi sofá dejo de imaginar, de soñar, de ver cosas que no son. Miro a ese cajón con la duda de saber si se está cerrando o abriendo, cada día lo he estado llenando de clavos fríos e inertes, aquellos que diariamente me aferro enfriándolos con mi dolor. Sobre mi mesa un viejo diario me recuerda, me dice que sobre sus hojas blancas ya no se puede escribir. Sólo me sirve para cuando me falle mi memoria volver a releer para recordarme que un día mis suspiros, mis deseos se escribían con tinta. Ahora son mis lágrimas esa tinta que como los garabatos de una niña escriben en mi cara razones para no volver a amar.

Sola y desnuda me miro en la sombra que sobre la pared me dibuja la tenue luz de una vela. Me siento bien, por fin me veo identificada no me pongo fallos, me contorneo al son de una lenta melodía. Todo es perfecto, me gusta jugar con mi sombra, sonrío al ver que hay alguien que hace lo que yo deseo, que me devuelve mi mirada. Me siento poderosa. Me siento libre. Bailo sin tener miedo a que nadie me pise. Doy vueltas hasta que mis movimientos me emborrachan sin tener que tomar una copa y me hacen caer al suelo. No me quiero levantar ya lo hago durante el día. Deseo retozar, hablar, chillar e incluso me abrazo.

Mi piel se despierta con el roce de mis dedos, mi cuerpo se excita. Mis ojos ya no miran pequeñas fotografías que empapelan mis paredes. Ahora te ven cuando cierro los ojos. Te siento tan adentro que sólo en noches como esta te dejo salir un poco para olerte, para hacer del humo de mi cigarrillo tu figura y darle vida. Le das luz a mi sombra, calzas mis pies cansados del calor de tus manos.

Bésame cariño, acaríciame el pelo mientras en tus brazos me llevas al mundo de los sueños. Borra de mi mente con tu mirada este mal día. Susúrrame al oído que hoy me amas. Invade mi cuerpo con tus labios, escribe con tus dedos en mi espalda palabras transparentes que sólo mi cuerpo es capaz de leer. Abrázame fuertemente, devuélveme la seguridad que un día cambié por unos recuerdos. Mi cuerpo se estremece, se retuerce en placer. Sé que estas aquí, huelo tu aroma, escucho tu voz en mi silencio.

Locura la mía, quizás tenga más sentido y cordura de aquellos que me señalan, argumentando con pena lo que es el amar. No los escucho, pero aquellos que en silencio me sonríen, esos que abrazan de verdad. Esos si saben lo que es amar, aunque no tengan mi libertad. No cambio nada de lo poco que tengo, porque lo tengo todo.

Ya es tarde y a diferencia de otros sé dónde ir. Abriré las puertas que se esconden tras mis sabanas y caminaré descalza, desnuda y sonreiré. Esta noche soñaré.

Esta noche te soñaré.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

empecé a leer sin darme cuenta desde el suelo...despues tus letras me ivan elevando poco a poco y he acabado tocando el cielo con mis manos...tu aroma es lo que ahora me impregna...
precioso relato,enhorabuena.

MTeresa dijo...

Un texto complejo
y sutil,
muy atrayente,
felicidades

Ginebra dijo...

Y no habrán cadenas que aten mis pies al frío suelo, ni venda que cubran mis ojos…no habrá tiempo que sujete mis sueños y anhelos, y sonreiré, al fin sonreiré y abrazaré cada ápice de vida que se pose en la yema de mis dedos, que se deslice sobre mi piel, irrumpiendo y acelerando los latidos de mi corazón…
Y seré piel, seré etérea, seré todo lo que soy y siento, ahí, bajo mi pecho, oprimiendo mis entrañas, desafiando a ese mundo que yace oscuro y muerto, y lucharé, viviré, por lo que sueño…

No puedo más que decirte que tus letras inspiran…

Un placer adentrarme en ellas…hermoso río que arrastra y lleva…

Bsos…

Tiri... dijo...

Muy identificada,felicidades